Rodriguez Arias en pie contra las discotecas

Los vecinos de la céntrica calle bilbaína protestan por los problemas derivados del club MOMA

En los últimos tiempos, el afloramiento de clubes nocturnos se ha afianzado como una apuesta bastante recurrente dentro de las opciones de los empresarios bilbaínos. Salas como Buddha, Sonora o MOMA (la que hoy nos ocupa), han probado suerte en la capital vizcaína logrando captar la atención de muchos jóvenes que han escogido estos locales como su principal alternativa de ocio. Sin duda este tipo de negocios han demostrado ser una apuesta más que interesante para aquellos que siguen abogando por sacar beneficios de la noche bilbaína. Los jóvenes de entre 18 y 22 años son el público más frecuente que acude a este tipo de salas en busca de diversión desenfrenada y algún gran éxito que otro.  A diferencia de otras discotecas del Gran Bilbao como Sonora, Mao Mao o Fever, que se encuentran ubicadas a cierta distancia de las zonas residenciales, otras como MOMA funcionan directamente bajo las casas de los habitantes más céntricos de la villa. El exceso de alcohol y de afluencia se ha convertido en un grave problema para un proyecto que influye directamente en el día a día de los vecinos y negocios de la zona. Y es que, las peleas o el ruido se han convertido en la nota habitual, poniendo en pie de guerra a los vecinos de la calle Rodriguez Arias.

La tarde-noche del miércoles fue la fecha escogida para que los vecinos de la zona se reunieran para ponerse directamente en contacto con el consistorio. En la reunión se palpaba la impaciencia de aquellos que quieren más acción e implicación de la administración a la hora de solventar los problemas que este local supone. Según las últimas cifras, en total se han realizado cerca de 140 quejas vecinales desde que el negocio se puso en marcha el pasado mes de enero. Unas quejas que van directamente relacionadas con el exceso de ruido y por las situaciones de violencia y civismo que noche tras noche se producen en las inmediaciones. El problema no ha pasado desapercibido por el resto de vecinos de la ciudad, ya que muchos de los propietarios de viviendas en la zona se han molestado en las últimas semanas en grabar algunos de los sucesos que se han hecho muy conocidos en la zona. Dichos documentos ponen de manifiesto los problemas que la administración está teniendo para controlar a la masa de jóvenes que semana tras semana de jueves a sábado ocasionan toda clase de problemas.

La nota general en las quejas de los vecinos se centra en el ruido y en la suciedad que se ocasionan todas las semanas. Afirman que es un problema que se repite semana tras semana sin excepción y que está afectando directamente tanto al descanso de los vecinos como a la calidad de vida de los mismos. Denuncian que no están recibiendo todo el apoyo necesario por parte del ayuntamiento, y esperan, que mediante las acciones que están tomando se puedan endurecer las medidas contra este tipo de locales. El Hotel colindante con la discoteca también se está viendo afectado por los fuertes ruidos internos que se producen en cada una de las fiestas y muchos de los afectados ponen en tela de juicio que no se están cumpliendo las normativas acerca del nivel de volumen que se ha de sobrepasar a partir de cierta hora. Entre las quejas ciudadanas, el deseo más repetido era el de lograr que se hagan cumplir los castigos pertinentes si la ley se incumple y que este tipo de faltas no caigan en saco roto. Con todo ello, la ciudad perece volver a estar enfrentada entre los que buscan salir de fiesta y divertirse y aquellos que no quieren ver su día a día condicionado por los problemas de las discotecas cercanas. Con todo ello, y una vez más, la pelota vuelve a estar en el tejado del Ayuntamiento.

 

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