Homenaje a Mariví Bilbao

marivi bilbao

Decir algo nuevo sobre la actriz Mariví Bilbao-Goyoaga a estas alturas, cuando prácticamente han pasado 24 horas desde su fallecimiento, es poco menos que una quimera. Periódicos, radios, televisiones, blogs, cuentas de Facebook y Twitter, han glosado su figura como profesional de la interpretación y también en lo personal. En Bilbao Curioso, a pesar de no poder competir (todavía) en inmediatez con otros medios, no nos resistimos a dedicar un pequeño homenaje a una mujer que, curiosamente, alcanzó su mayor fama cuando otros se retiran.

Fue gracias a la televisión. Su papel de vieja cotilla en “Aquí no hay quien viva”, cuando puso de moda aquello de “radio patio”, le valió el reconocimiento de millones de espectadores, que alucinaban con la vena lenguaraz y el toque macarra que aportaba a su personaje. Posteriormente, contribuyó a la mudanza de aquella serie a las afuera, rebautizada como “La que se avecina”, tan exitosa o más que la anterior. En ella reeditaba el papel que tanta fama le dio en el edificio de la calle Desengaño.

En una entrevista que el autor de estas líneas tuvo la oportunidad de hacerle hace unos cuantos años, Mariví se confesaba encantada de ir a rodar al set de “Aquí no hay quien viva”. Eso de que la llevaran y trajeran en taxi y lograra con relativo poco esfuerzo (digo esto sin olvidar que contaba más de 70 años por entonces) el mayor sueldo de su vida, le parecía algo así como de Hollywood. Por cierto, Mariví Bilbao tuvo la oportunidad de visitar la Meca del Cine, cuando asistió a la entrega de los Óscar como actriz de “Éramos pocos”, el cortometraje de Borja Cobeaga (Pagafantas) aspirante a la estatuilla a mejor cortometraje. Ni siquiera en un país tan enemigo del tabaco como Estados Unidos (no hay nada tan férreo como la fe del converso) pudo reprimirse nuestra protagonista y, ni corta ni perezosa, se fumó un pitillo en plena gala.

Tiene algo de irónico que alguien que no aspiraba a camerinos de lujo acabara alcanzándolos. Otros lo pretenden incluso antes de estrenarse en la profesión y jamás lo consiguen. Mariví tenía un largo curriculum en las trincheras del teatro. Para empezar, tuvo que enfrentarse a la oposición familiar para hacerse actriz. Una vez que a sus padres no les quedó más remedio que hacerse a la idea, nuestra protagonista fue una de las principales actrices/instigadoras del teatro vasco de los años 60, 70 e incluso 80. Socia fundadora de Akelarre, participó también en recordados grupos como Geroa y Karraka.

En aquella época compaginó los escenarios con apariciones en el cine, una vena creativa que explotó definitivamente con el cambio de siglo. Daniel Calparsoro, Vicente Aranda, Chus Gutiérrez y los exitosos directores bilbaínos Pablo Berger y Álex de la Iglesia fueron algunos de los cineastas para los que trabajó.

Pero más allá de su destacada trayectoria como actriz, lo que más llamaba la atención de Mariví Bilbao era su forma de ser. Pude disfrutar de su hospitalidad con ocasión de otra entrevista, en este caso a su pareja, el desaparecido e irrepetible Javier Urquijo, artista plástico, cronista social y un sinfín de cosas más que lo convirtieron en un bilbaíno imprescindible. Me recibieron en su casa de Algorta, con unas vistas impresionantes sobre la Playa de Ereaga, y recuerdo que Mariví, vestida “de casa” y con su inseparable pitillo en la mano, no dejaba de repetirme si de verdad no me apetecía tomar algo. En aquel momento la cortesía me impedía decirle que sí, pero no me hubiera importado nada haber aceptado la invitación otro día para que me contara más cosas de su vida entre cómica de la legua y estrella de la televisión.

Descansa en paz, Mariví.

Facebooktwittergoogle_pluslinkedinmail

No hay comentarios, añade uno.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*