Azkuna, el entrañable médico que transformó Bilbao

El perfil de Azkuna

Desde su llegada a la Alcaldía de Bilbao en 1999, Iñaki Azkuna dejó claro que no sería un regidor más. Había llegado para quedarse. Y así lo hizo. Médico de profesión pero político por vocación, con su personalidad rompedora supo impulsar a la capital vizcaína hacia la senda del crecimiento y el desarrollo. Fue así como dibujó un panorama esperanzador sobre una villa aún teñida de gris en plena década de los noventa. Más allá de la crisis de entonces, el dirigente nacionalista supo ver el potencial de la capital vizcaína, que hoy ocupa orgullosa un puesto destacado a nivel internacional gracias a la visión reformadora y renovadora del hombre que tomó las riendas de la villa.

Aunque nacido en Durango en 1943, Azkuna siempre se sintió bilbaíno de corazón. Era un incondicional defensor de la ciudad y su pueblo. De rostro amable y aspecto sencillo, consiguió ganarse el cariño y el reconocimiento de los habitantes de la localidad, independientemente de los colores políticos. Su presencia en cada acto o evento le convertía en el centro de todas las miradas y eran numerosas las personas que hacia él se dirigían para mostrarle su cariño y admiración. También era muy querido por el rey Don Juan Carlos, que el pasado mes acudió a su casa para interesarse por su salud cuando visitó Bilbao con motivo del foro económico.

El monarca fue uno de los primeros en ofrecer sus condolencias a la familia del político nada más saber de su fallecimiento. Junto a él expresaron su dolor por lo ocurrido numerosos líderes de diversos partidos y clubes deportivos como el Athletic Club y el Bilbao Basket. “Se nos ha marchado el alcalde, pero sobre todo se ha ido una persona especial, un gran abertzale, un amigo”, lamentó el presidente de EBB, Andoni Ortuzar. “En este momento, el mejor homenaje que podemos hacer es seguir su camino”, añadió.

Pasión por la política

Doctorado en Medicina en la Universidad de Salamanca y especialista en Cardiología y Radiología, años antes se convertirse en alcalde, Azkuna trabajó como docente en la Universidad del País Vasco y ejerció en el Hospital de Cruces hasta que ocupar el puesto de director del centro en 1981. El buen trabajo desempeñado le situó al frente de Osakidetza sólo un año más y entre 1983 y 1987 lideró la Consejería de Sanidad del Gobierno vasco. De ese modo nació su pasión por la política.

Padre de un hijo y recientemente abuelo, Azkuna sufrió en 2012 un golpe emocional terrible al fallecer su esposa, la mexicana Anabella Domínguez. La mujer a quien conoció durante sus estudios en París moría tras batallar junto a su marido contra otro cáncer. Ya para entonces el alcalde libraba nueve años de lucha contra el tumor de próstata que le ha arrebatado la vida después de más de una década de tratamientos y operaciones que, sin embargo, no le impidieron seguir de cerca y trabajar por la prosperidad de Bilbao.

Foto: Agirregabiria Vía: Photopin

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