Anécdotas de Aste Nagusia: sokamuturra y vaquillas

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Foto: Deia

Las fiestas de Bilbao, por mucho que algunos se empeñen en negar la evidencia, siempre han tenido un importantísimo arraigo taurino. Nos referimos no sólo a las fiestas tras la creación de Aste Nagusia, sino a “las fiestas de agosto”, que ya se celebraban en la Villa desde mucho tiempo atrás. Con esta tradición en mente, queríamos dedicar el segundo episodio de nuestra serie de anécdotas de Aste Nagusia a dos eventos taurinos desaparecidos del programa festivo: la sokamuturra y las vaquillas.

Existen datos históricos que nos hablan de la celebración en el País Vasco de sokamuturras en tiempos tan lejanos como el siglo XVI. Las comparsas, atentas a esta tradición, incorporaron la sokamuturra a la primera edición de Aste Nagusia en 1978.

El escenario, el Arenal, entre el edificio Surne y el de la Caja Laboral, a primera hora de la mañana. Dentro del vallado, una vaquilla sujeta con una cuerda atada por el hocico que da vueltas buscando a mozos (y mozas) valientes o envalentonados por sustancias etílicas o de otra índole. El resultado, tropezones, contusiones, cómicos resbalones, cogidas y hasta algún susto morrocotudo.

Toros y chocolate con churros

Durante los primeros años de Aste Nagusia y hasta su supresión en 1991, la sokamuturra convivió con la suelta de vaquillas en la Plaza de Vista Alegre. Este segundo espectáculo, que dejó de realizarse en 1999, congregaba a miles de personas en el coso. Las más se sentaban, previo abono de entrada, en los tendidos, gradas y galerías; las menos (y no eran pocas) se echaban a la arena con idéntico arrojo que los valientes de la sokamuturra. Las vaquillas podían seguirse incluso degustando un chocolate con churros que se vendía en la propia plaza.

Las razones para abandonar la sokamuturra y las vaquillas fueron, principalmente, los problemas seguridad (la inconsciencia de algunos mozos y los inevitables accidentes dejaron secuelas irreparables a más de uno) y, en segundo lugar, el progresivo sentimiento antitaurino en la sociedad, que poco a poco se ha ido trasladando a las instituciones.

Es una obviedad que los tiempos cambian y que, evidentemente, eran acontecimientos que conllevaban su riesgo, pero desde Bilbao Curioso echamos un poco de menos la sokamuturra y las vaquillas. Con los años, las fiestas se han vuelto más seguras, más profesionalizadas si se quiere, pero también más asépticas, más políticamente correctas, y es una pena.

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